Parto Natural y Respetado de Lily

parto respetado

¡Hola! Estos días estoy un poco ausente pero es que estoy a full con Emma y Lily, así que os podréis imaginar lo que me está costando encontrar momentos para escribir.

De hecho, estoy escribiendo esto con Lily durmiendo encima y me estoy tronchando.

No quiero que con el relato del parto de Lily me pase lo mismo que me pasó con el de Emma, que tardé más de tres años en subirlo, así que aquí lo tenéis.

Espero que os guste y quiero dejar claro, como siempre, que cada mujer es libre de escoger el tipo de parto que prefiera. Yo defiendo totalmente la libertad siempre que se esté informado y con este relato simplemente cuento mi experiencia.

Si me conocéis, mínimamente, ya sabréis que soy defensora del parto natural y que estoy totalmente en contra de la violencia obstétrica, así que, como es obvio, en esta ocasión también me decanté por un hospital que tuviese programa de parto respetado.

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En mi segundo parto volví a acudir a la Maternitat y, como en la anterior ocasión, la experiencia en general estuvo muy bien exceptuando un par de detallitos.

La diferencia es que esta vez y debido a que el año pasado me fue diagnosticada artirtis reumatoide tuve que llevar el embarazo con una ginecóloga de la Maternitat en vez de con una matrona del centro de atención primaria. No tuve mayor problema, aunque me tuve que negar a los tactos y me pareció un poco exagerado el control.

Conforme se acercaba el momento de salir de cuentas pedí los papeles para hacer el plan de parto y me dieron unos de parto de medio y bajo riesgo. Cuento esto porque uno de los problemas que me encontré al ir al hospital ya de parto fue que en mi expediente constaba que mi parto era de muy alto riesgo y debido a esto me negaron el uso de la bañera de partos. Esta situación me molestó muchísimo pero no quería que afectara a mi ánimo así que preferí mentalizarme y no discutir para que todo fluyese.

Dicho esto, os paso a contar con detalle como fue todo.

Era lunes y ya desde que me levanté sentí que ese iba a ser el día. Llamé a Gabri al trabajo y le dije que pidiese unas pizzas porque no estaba ni con ganas de cocinar. Comimos con normalidad, aunque yo apenas probé bocado, y Gabri se volvió a la oficina. Por la tarde fui sintiendo que todo avanzaba, así que me di una ducha y me depilé lamentablemente mal. Me metí en la cama a descansar un rato y cuando llegó Gabri de trabajar le dije que bajase a Emma al parque para que estuviese cansada y durmiese bien ya que estaba segura de que daría a luz esa noche.

Cuando llegaron del parque eran las ocho de la tarde y yo ya tenía contracciones regulares cada cuatro minutos. No me equivocaba, estaba de parto. Fui avisando a mi madre, mi hermana y mi amiga Vanessa, que eran las personas que estaban de guardia para quedarse con Emma llegado el momento.

Algo que noté en este parto es que todo avanzaba muy rápido. Sobre las nueve de la noche ya tenía contracciones cada tres minutos y ya tuve que ponerme en la pelota porque sentía dolor. Así que le dije a mi hermana que cogiese un taxi y viniese.

Una vez llegó mi hermana yo ya estaba totalmente metida en mi planeta parto y las contracciones se iban espaciando cada tres y dos minutos. Así que preparé mi ropa. A Emma ya la teníamos durmiendo. Tuve que dormirla al pecho con contracciones y no os quiero decir lo doloroso que fue. Tetear con contracciones y estirada no mola nada.

Una vez todo listo, dejamos a Emma al cuidado de mi hermana y nos fuimos andando al hospital. Lo tenemos a quinientos metros de distancia, así que es un paseíto de cinco minutos, aunque en ese momento ya tenía contracciones a cada minuto y tardamos unos quince o veinte minutos en llegar. Tal cuál llegamos vomité. Me hizo mucha gracia porque con Emma también vomité en el mismo momento y en la misma puerta.

Entramos y me ingresaron. Estaba de cuatro centímetros y me dijeron que no tenía nada borrado el cuello, así que si quería me podía ir a casa. Les dije que no ya que yo sentía que aquello era inminente. Menos mal que confío mucho en mi cuerpo porque vaya si lo fue. Pedí la pelota y pregunté por la sala de partos de la bañera. Estaba ocupada.

Mientras comentaba mi plan de parto vino la jefa de ginecología de esa noche y me dijo que debido a mi enfermedad no me podía permitir usar la bañera y que no me la recomendaba porque se podían ahogar los bebés. Tal cuál me dijo esto le pregunté si podía venir alguien más de mi rollo porque con ella no me iba a entender. No nos caímos muy bien jaja. Por suerte vino otra chica majísima y a pesar de que no pudo convencer a la otra para que me dejasen usar la bañera si consiguió que me preparasen la sala donde estaba la bañera para poder usar los otros equipamientos, como la liana, el espejo del suelo, la iluminación, etc. lo malo es que aún la estaban limpiando.

Así que me llevaron a un box justo delante de la sala y me dijeron que me esperase que en cuanto estuviese lista era mía. Ahí que me fui yo con mi pelota y en este momento comenzó una de las experiencias más alucinantes que he vivido nunca.

No sé si porque me vieron súper tranquila y controlando todo pero pasaron de mi un montón, nos dejaron solos y no vino nadie hasta que les llamamos. No me pusieron monitores y estaba con mi pelota y mi almohada súper tranquila y concentrada.

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Me puse sobre la pelota y me apoyaba sobre la almohada, que puse encima de una camilla que había. Le dije a Gabri que se sentase justo al lado y que me diese la mano cuando se la pidiese. Y aquí es cuando sentí que era más fuerte que nunca y que podía controlarme mucho más que en mi primer parto. Con cada contracción que sentía en vez de luchar contra ellas como hice con Emma, lo que hice fue unirme a ellas. No sé muy bien como explicarlo pero cuando notaba que venía me abría y empujaba y de esa forma y a pesar de que el dolor era tremendo sentía que me dolía menos y pasaba más rápido.

Así estuve como hora y media o dos horas. Muy muy concentrada, no gritaba, no decía nada. Sólo estaba balanceándome en la pelota y sacando partido de cada una de las contracciones. Gabri me miraba alucinado y no paraba de decirme que estaba muy orgulloso, que lo estaba llevando muy bien. Sus palabras y su mirada me motivaron.

Llegó un punto en el que sentí que aquello ya estaba, que tenía ganas de empujar. Así que le dije a Gabri que avisase a alguien y vino una matrona. Me subí a la camilla y le dije que me hiciese un tacto. Me dijo que estaba de seis centímetros pero que tenía el cuello completamente borrado. En aquel instante me vino una contracción fortísima y al estar estirada me dolió tanto que hice tanta fuerza que rompí la bolsa. Fue un momento muy cómico porque un poco más y los baño a los dos. La matrona en un movimiento digno de Neo en Matrix esquivó el líquido amniótico y Gabri medio riéndose me decía: ¡Mami has roto la bolsa! Y yo pensaba si si, ya me he dado cuenta.

Les dije que quería ir ya a la sala, que ya estaba lista. Cogí la pelota y entre dos contracciones fui andando. Entramos y las dos matronas que me estaban atendiendo empezaron a poner una funda a la pelota y a preparar los monitores sin cables que había pedido en mi plan de parto. Yo ya no me quería sentar en la pelota, solo quería estar de pie. Apoyé los brazos en la cama y empecé a decirles que iba a dar a luz.

No parecían creerme mucho hasta que yo misma metí mi mano y noté lo que creo que era la nariz de Lily. Les dije que notaba la cabeza y entonces se acercaron corriendo. Efectivamente estaba saliendo. Empecé a pujar y salió la cabeza un poco pero volvió a meterse. Empujé de nuevo y esta vez si salió toda la cabecita. En la siguiente contracción volví a empujar y ya salió todo el cuerpo. Fue todo rapidísimo.

Parí de pie y fue todo tan precipitado que un poco más y la tengo en mitad del pasillo. No pude usar la bañera pero me consuela que aunque me hubiesen dejado tampoco me habría dado tiempo ya que cuando quedó libre la sala yo ya estaba pujando.

Al salir Lily se me enrolló el cordón umbilical por la pierna y fue una situación muy graciosa. Yo levantaba la pierna y la matrona intentaba desenrollarla. Al final me estiré en la cama y con el cordón aún latiendo pudimos hacer piel con piel y se cogió al momento al pecho. Estaba súper despierta.

Fue todo precioso. Las dos matronas eran muy jóvenes y muy simpáticas. Cuando el cordón dejó de latir Gabri lo cortó y ya me pusieron los dos puntos superficiales que tuve. Además, esta vez, pude alumbrar la placenta yo misma sin que la estirasen.

Nos dejaron solos durante una hora disfrutando del momento. Todo fue realmente perfecto. Agradezco enormemente el trato recibido por estas dos profesionales y por la segunda ginecóloga. Yo ya estaba muy contenta con el parto de Emma pero con este ya sí que todo fue redondo y pude mejorar cosas que en el otro se me escaparon.

Lily nació a la 1:40 de la madrugada, fueron unas cinco horas y media de parto.

Pasamos 24 horas ingresadas y pedimos el alta para estar tranquilos y juntos en casa.

Y ya está.  Hasta hoy que seguimos muy contentos y felices como familia de cuatro.

Espero que os haya gustado y que os pueda servir en vuestros partos. Creo que lo más importante es que os informéis y que sepáis que como mujeres sois totalmente capaces de parir. Que nadie os desanime ni os diga lo contrario. A no ser que haya alguna complicación médica tenéis todo el derecho a dar a luz de forma natural y respetada.

¡Saludos y hasta el próximo post!

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